FLUIR (flow)
En palabras de J.H. Holmes
“El universo no es hostil, pero tampoco es amigable; sencillamente, es indiferente”
Y según Epicteto
“Los hombres no tienen miedo de las cosas, sino de cómo las ven”
Si esto es así, somos nosotros los que elegimos hacer la vida hostil o amigable, ¿no?
Mihaly Csikszentmihalyi es el autor del libro, “Flow”, en el que comparte el resultado de sus investigaciones en torno a la experiencia de flujo, que se remite a aquellos momentos que las personas recordamos como felices.
Mihaly (me voy a permitir llamarle por su nombre, y no su apellido) descubre que la mayoría de las personas tenemos más experiencias de flujo cuando estamos trabajando que cuando estamos disfrutando de nuestras horas de ocio, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro ocio se ha reducido a escuchar música que hacen otros (en vez de componerla nosotros mismos), ver deportes en televisión (en vez de practicarlos en persona), ir al cine a ver cómo otros protagonizan sus vidas (en vez de erigirnos en protagonistas de nuestras propias vidas) o pagar por contemplar arte (cuando podríamos dibujar, pintar, escribir, tallar, crear lo que nos diera la gana).
En fin. Lo que me parece rescatable, sin embargo, es que ante la pregunta: “¿Desearía usted estar haciendo alguna otra cosa?”, los resultados mostraron que las personas deseaban estar haciendo otras cosas más veces en el trabajo que cuando estaban realizando actividades de ocio, sin importarles si estaban o no en flujo. La motivación era baja en el trabajo aunque este ofreciese flujo y era alta en el ocio aun cuando la calidad de la experiencia fuese baja.
¿No es esto interesante? Todas las paradojas lo son.
Cuando se trata del trabajo, la gente parece no escuchar la evidencia de sus sentidos. Parece que nos quedamos enganchados en lo que se supone que es el trabajo. Pensamos en él como una imposición, una limitación, una transgresión de nuestra libertad, y por lo tanto, algo que debe ser evitado como sea.
Y sin embargo, el trabajo no tiene porqué ser hostil. Ni amigable. Entonces, ¿quién lo convierte en lo uno o lo otro? ¿No dependerá de cómo lo vemos cada uno? ¿Y quién decide cómo lo queremos ver?
Cuando era pequeña ante mi careto a la hora de ir a la escuela mi madre me solía decir aquello de “eskolara poz-pozik fan biher da”. Pasaron unos años y cuando llegaba el lunes salía de casa escuchando un murmullo que me recordaba que “lanera poz-pozik fan biher da”. Y os aseguro que un día entendí que, efectivamente, estaba en mis manos elegir cómo acudir allá donde fuese: poz-pozik.
Eskerrik asko, ama!
SEGUIMOS SIN PEDIR BIEN
En mi post anterior abordaba el tema de pedir vs ordenar/prohibir y las consecuencias de ejercer lo uno o lo otro. Pero es que el pedir tiene más caras.
La reflexión de hoy, espero que más reducida que la del otro día, relaciona las peticiones con las quejas, las pataletas y demás rabietas que nos pillamos. Y, sino, querido lector, acuérdate de la última que viviste, contemplaste o sufriste. ¿A que no hubo ninguna petición?
Cuando nos enfadamos ante una pretendida injusticia o faena inmerecida (a ver cuándo admitmos que quizás alguna vez un “ipurdiko” sí nos merecemos!), la tendencia más generalizada suele ser la de mostrar nuestro malestar (sería la versión más light del cabreo), ir a donde un presumible “amigo” a desahogarnos, bajar a la cafetería y difundir nuestra opinión (no muy favorable, por cierto) sobre la persona que a nuestro parecer es el culpable de todas nuestras desgracias, o incluso si somos valientes (como los de Gran Hermano, que están obcecados con decirse todo a la cara no vaya a ser que les llamen “falsos”) largarle al susodicho lo que pensamos de su madre. Sin embargo, casi nadie se acuerda de formular una petición.
Una petición que busca compensar la injusticia sufrida o un daño recibido tiene un efecto catártico que no todos conocemos o sabemos apreciar, pero os invito a probar. Antes de descargar tu mala leche ante alguien, piensa en qué podría equilibrar la balanza de tu bienestar, y pídelo. Pero pídelo bien. Con educación. Mostrando las consecuencias que la actuación (según tú, perversa) de tu interlocutor ha generado en ti. Y si realmente la queja es legítima, mereces la compensación, o sea que ánimo: pide.
Ya verás cómo, en más de una ocasión, uno no sabe ni qué pedir. He ahí el problema.
De hecho, si alguna vez se te acerca un cabreado a cantarte las cuarenta, respira hondo y escúchale (porque seguro que tiene alguna razón para sentirse así), pero cuando suelte todo lo que le salga de la boquita, formulad la pregunta:
“Bueno, y entonces ¿qué me quieres pedir?”
Me apuesto un dollar a que se le pasa el cabreo de golpe y más de uno se queda sin palabras.
Ya me contaréis.
PEDIR BIEN
El otro día, correteando por los pasillos de una empresa escuché una frase que comenzaba de la siguiente manera:
“Te prohibo que hables del tema con Mengano y Zutano…”
En el momento no le di más vueltas al tema, puesto que iba a lo mío, pero camino a casa, en esa horita que comparto con mi coche, recordé la susodicha prohibición con cierto rechazo hacia quien la había pronunciado. Casi me entraban ganas de coger el móvil (no tengo manos libres, o sea que me tuve que contener) y mandarle a la M al señor (jefe, él, por supuesto) de marras. Ni que hubiese sido yo misma la receptora del regalito!
¿Tan difícil es PEDIR las cosas educadamente en vez de ORDENAR/PROHIBIR/OBLIGAR?
PEDIR y ORDENAR son acciones de la misma familia (igual que solicitar, invitar, exhortar, sugerir, etc.) solo que algunos de esos verbos guardan mayor intensidad o fuerza. Pero por no distraernos, yo diría que la diferencia esencial entre PEDIR y ORDENAR consiste en la libertad que el supuesto ejecutor de la acción tiene para decir que NO.
Es decir, cualquiera dice NO a una prohibición de mi jefe, sabiendo que mi futuro laboral (bien en términos de calidad de vida o de posibles promociones) depende de él. Y como no me atrevo a decir que NO, pues me callo, me muerdo la lengua y, quizás a regañadientes (quizás no), obedezco.
Pero el tema está en que el tema no acaba ahí. Si esta situación se repite y repite, tal vez mi jefe no se de cuenta (tal vez sí) pero poco a poco empezaré a no sentirme a gusto, luego a preferir no cruzarme con él, luego a odiarle y finalmente a querer vengarme a la mínima que se descuide. Y claro, él no entenderá mis malas caras, mi desgano a la hora de trabajar, se quejará de que no soy proactivo y en la evaluación del desempeño me pondrá una cruz en la casilla que puntúa más bajo en actitud. Qué se le va a hacer!!
¿Rebobinamos?
Imaginaos que ese mismo jefe, en ese mismo pasillo, sin renunciar a la preocupación que traía(obviamente, por alguna razón legítima quiso ejercer la prohibición) simplemente le explica a su colaborador que para él es importante que no hable sobre algún tema concreto X con Mengano Y Zutano porque eso implica bla-bla-bla y que, por tanto, si no resulta un inconveniente, le PIDE que sobre el tema X ni pío con los que tú y yo sabemos, y que además, le estaría muy agradecido que así fuera.
El SÍ libremente expresado que damos a una PETICIÓN es un compromiso mucho más poderoso que cualquier ORDEN que recibamos y la cual tengamos que cumplir por coj… (huy, perdón!). Con ese SÍ que doy pongo en juego la confianza que previamente había construido con la persona que me hizo la PETICIÓN. Esa persona espera algo de mi porque yo he dicho SÍ, y si le fallo, me fallo primero a mi mismo y además le puedo hacer una gran faena al otro. O sea, me la juego de verdad. Pero podía haber dicho que NO, o sea que me la juego porque así lo he decidido YO, no mi jefe.
Por eso no entiendo por qué “los jefes” no se dan cuenta, o no aprenden, o no ponen en práctica el PEDIR, PEDIR BIEN, educadamente, y haciendo partícipe al otro del porqué de dicha PETICIÓN, respetando una respuesta negativa si es que se da (porque sus razones tendrá también, y legítimas, el colaborador que se niega).
Creo que las empresas ganarían muchísimo únicamente si apremdiéramos esta lección.
RAZONES (Chapter II)
“He incumplido compromisos en el pasado, y esa experiencia, unida a una larga meditación posterior, me ha enseñado una lección que procuro aplicar a rajatabla: no te comprometas nunca a la ligera, pero una vez que lo hagas, revienta o rómpete antes de fallar. Porque lo peor de las deudas insatisfechas no es el menoscabo que uno pueda sufrir en la consideración del acreedor: del acreedor uno puede protegerse, apartarse, incluso borrarlo de la mente: la consecuencia más dañina de nuestros incumplimientos es que nos van empujando, de un modo tan imperceptible como inexorable, hacia el borde de nuestro propio abismo interior. No se trata de que los demás no se fíen de uno, sino de acabar no fiándose de uno mismo: llegados a este punto, no hay manera de impedir el desastre”
“El blog del Inquisidor” de Lorenzo Silva
Una cita bastante tajante, pero no le falta razón al Inquisidor, o sea que voy a retomar mi relato RAZONES para cumplir con mi pseudo-promesa de exponer por qué me marché de ETEO. Esta vez elijo construir un cuento dramático. Voy a sacar la vena “mañosa”. Gainera, euskaraz.
CHAPTER II
Azken aldi hontan nire lan aktibitatea 3 arlotan banatuta zegoen:
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PTG-ko lana (garapen pertsonala eta lantaldeen integraziora bideraturiko formakuntza eta konsultoria, coaching-arekin jantzia)
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Tesia
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“varios” zaku horretan sar dezakegun beste edozein zeregin (MCoop-eko modulu bateko koordinazioa, Mendeberrik utzitako estelaren ondorioz sor zitezkeen ekintzatxoak, Euskadiko Kutxa-rekin hasiberri neukan proiektu bat,…).
Nola sentitzen nintzen ni egoera honetan?
Ba PTG-n oso gaizki. Uste dut inor ez dela konsziente izan zein txarto pasatu dudan. Lana bera oso-oso polita, erakargarria eta asko betetzen duena, baina ni inkoherentzia handi batean bizi nintzen, zeren eta ez nuen ikusten enpresatan kontatzen genuena gu geu aplikatzeko gai ginenik, eta horrek neure buruarekin gatazkak edukitzera eraman nau. Hainbat buelta eman dizkiot hor gertatzen zenari, eta ez ditut hemen azalduko nire ondorioak, zeren eta beste pertsona batzukin lotuta doaz eta ez nuke nahi inor seinalatzea edo mintzea, ez bait daukat horretarako eskubiderik.
Baina goian aipatutako liburuan badator beste zita bat, interesgarria hau ere, pentsatzen jarri nauena:
“Uno no termina de conocerse a sí mismo hasta que tiene que enfrentarse a un revés que le suponga una pérdida realmente transcendental. Para resumirlo en una sola frase, no sabemos quiénes somos hasta que nos llega la hora de ser menos de lo que hemos sido”
Ba nik hori jasan dut: sentitzen nuen nire iritziek, nire proposamenek, nire ikuspuntuak, nire egiteko moduek, nire erlazionatzeko estiloak, etabar, ez zuela balio talde horretan. Ez bakarrik ez zuela balio, baizik eta hainbat gauza gaizki ikusiak zeudela. Hau da, partaide nintzen baina ez nintzen parte, eta bakardade hori, jaun andreok, niretzako oso gogorra izan da. Aizu, baina neure burua hobeto ezagutzen lagundu dit, duda barik.
Momentu bat heldu zen non garbi ikusi nuen talde horretatik alde egin behar nuela, zeren eta neure buruarengan konfiantza galtzen hasita nengoen eta gero hori gainditzea ez da bat ere erraza. Balio dudala sentitzen dudan toki baten lan egitea zein garrantzitsua den esperimentatzen irakatsi dit esperientzia honek, eta horregatik, Maier-en hori horrela izango zela usaindu nuenean, agur esan nuen.
Bigarren arloa: tesia. Hemen ere, bakarrik. %100 neure kulpa, zeren eta oso modu kaotikoan planteatu dut doktoretza kontu hau. Hasieran ederto: gaia gogoko nuen, banuen enpresa bat “investigación en acción” egiten utziko zidana, asko ikasten ari nintzen, baina heldu zen momentu bat, pasa den ikasturtea, idazten hasi behar nintzena, eta ez zitzaidan ezer ateratzen. Den-dena “rollo” bat eta denbora alperrik galtzea zela kontatzen nion neure buruari, eta gaitz egiten hasia zen hazia landatu nuen tripetan. Alde batetik zorretan sentitzen nintzen erakundearekin, eta bestetik egia zen kalitatezko denborarik ez nuela ateratzen ganorazko zerbait produzitzeko. Zorretan sentitze hori apur bat leundu zen tesirako finantziazioa lortu nuenean, baina orduan badirudi finantziatzen ninduen erakundearekiko hasi zitzaidala arra nire garaunak jaten. Puff, honelako konpromisua hartu eta ezin aurrera egin.
Egoera hau post honen hasieran kopiatu dudan zitarekin bat dator: uste dut “besteak” nitaz fidatzen zirela, baina ni neure buruarekin ez, eta Maier-era alde egiteak egoera horretatik libratzen ninduen.
Bukatzeko, “varios” atalari helduko diot. Ez zuen nire aktibitatearen %10-a baino gehiago hartzen, baina Fakultateari egiten ari nintzen opari bat zen; gustoz egiten nuen lana zen zeren eta “erraza” iruditzen zitzaidan baina aldi berean “marroi” bat, zeren eta urtean zehar agertzen ziren “extra” horiei erantzuna ematea besterik ez zen eta “beti bezala”, inork ikusten ez duen lana, zeren eta ez da ez kargatan jasotzen, ez eta ondo dimensionatzen, ekintza batzuk, ondo egin nahi badira behintzat, denbora asko eramaten bait dute. Beraz, azkenena, beti etxera lana eramaten eta gauero ordenagailura konektatuta. ETEO nitaz aprobetxatzen ari zen, bai jauna, eta horren truke ezer ez! Maier-ek horretatik ere salbatzen niduen: lana lantokian eta etxean etxekoak!
Baina, egia al da idatzi dudana, ala neuk asmatutako ipuina ote?
Abisatu dut hor goian, gaurkoan ikuspuntu dramatikoa kontatuko nizuela, ikus dezazute ia-ia behartuta nengoela ETEO-ri agur esatera, zeren eta ezin nuen jarraitu horrela bizitzen: inkoherentziaz josita, inongo parte sentitu barik, alperrikako lanak egiten, bakardadean, etxean orduak sartzen,…
Ez al dizuet pena ematen?? Sniff-sniff. Buaaaaaaa.
Bueno, hurrengo baten, ea azkenengo kapitulua den, bertsio komikoa, edo didaktikoa, edo epikoa, edo auskalo zein istorio eskainiko dudan gai berberaren inguruan. Agian ingelesez. Hura ere egia izango da, seguru. Ala beste ipuin bat besterik ez?
Norbaiti entzun izan diodan legez,
“El lenguaje nos constituye. Somos las historias que nos contamos” , Rafael Echevarría dixit