RAZONES (Chapter I)
Tal como casi todos mis lectores sabéis (je,je, ni que fuerais medio mundo. Con que me leáis cuatro me doy con un canto en los dientes!), en octubre dejé mi hogar laboral (ETEO, Fctad de Empresariales, Mondragon Unibertsitatea, o como quiera que cada uno lo desee llamar) durante los últimos tres lustros y pico para adentrarme en la boca de la empresa industrial pura y dura (sí,sí, automoción). Y desde entonces, curiosos que somos el género humano, son bastantes cuantos (más que el nº de lectores de este blog, seguro), quienes educadamente me han preguntado que qué tal (pues, bien) e inmediatamente han querido saber por qué me he cambiado. Interesante.
Digo interesante, puesto que me ha obligado a pensar en los “por qués”, cuando en realidad, yo no había dado tanta importancia a esos detalles.
Pero como ahora tengo blog (aunque no lo esté explotando como quisiera) y escribir me ayuda a ordenarme neuronalmente, me ha parecido procedente darme el gustazo de exponer las razones por las que me vine a MAIER S.Coop. Pero me váis a permitir que lo haga en diferentes capítulos (aún no sé cuántos me saldrán), puesto que me propongo ilustrar al personal con diferentes versiones sobre lo mismo. Todo depende del punto de mira que escoja para explayarme.
Allá voy.
¿Cómo así que has decidido marcharte de ETEO? Pero si estabas contenta, ¿no? Además, cerca de casa. Qué raro, ¿no?
Pues sí, visto así, parece una tonteria. Pero oye, me apetecía. Ya iba para el curso 17 en “la escuela” y alguna vez me había planteado si toda mi vida profesional se iba a reducir a un único lugar de trabajo. Hombre, pues, qué triste, ¿no?
Efectivamente, me apetecía conocer el barro, la miseria de la empresa, la tensión, el aliento del cliente todopoderoso, la mala leche de los currelas, la división entre los de arriba y los de abajo, el fichar y que te miren raro si llegas un minuto tarde, los indicadores, ratios, objetivos cuantitativos, el índice de reachazos, lo estratégico y lo operativo,… En definitiva, todo eso que llevaba escuchando estos últimos años de ejercer un poco la consultoría y que comenzaba a ser familiar en mi vocabulario pero sin saber muy bien qué había detrás.
Me surgió la oportunidad y me cambié. Punto. No le di muchas vueltas. De hecho, pensaba que dado mi perfil y mi currículum, sería difícil que me saliera algo parecido, o sea que me lo tomé como eso, una oportunidad. Además yo soy cíclica (me lo hizo ver la Dorle un día, en una conversación vanal con amigas comunes, sin que ni ella misma se diera cuenta de que estaba revelando mi ser con un comentario de esos de “by the way”), y ya estaba en mi cuarto año de hacer de coach en unas cicunstancias que comenzaban a resultarme repetitivas, poco creativas. Vamos, que se dio el Kairós. Qué bien, un cambio.
Luego estaba la parte de desplazamientos: todos los días una hora para ir y otra para volver, con mucho tráfico y carretera mala a no ser que coja la autopista (un poco cara ella). Ya, pero vaya bien. Todos los días dos horas para mi sola, yo conmigo misma, para pensar, para escuchar la radio, para poner la música que me gusta, para repasar el día, para diseñar conversaciones, para buscar explicaciones a lo que no comprendo, para generar ideas, para olvidar,… Me parece un lujo, a mi que me encanta tener espacios en silencio y que tanto me cuesta obtenerlos.
En cuanto al puesto que me ofrecían, yo creo que ni ellos lo tenían muy claro. Veían que tenían una carencia en ese maremagnum que es el saco de RRHH, eran conscientes de que llevaban invirtiendo tiempo y dinero en eso que ahora se llama desarrollo de personas y equipos, intuían que en el futuro algunos tiros pueden ir por ahí, pero sin saber muy bien qué hacer, cómo seguir y de qué manera darle forma a algo que ya estaba cogiendo una dimensión importante, que además se empezaba a hablar cada vez más de cultura organizacional y cosas de esas que en este tipo de empresas no es frecuente que suenen (va, pájaros y flores!), y… puff!, si a todo esto sumamos que ya se llevaba tiempo pidiendo un refuerzo para el Dpto…, pues ahí estaba yo. Casualidad o causalidad, no lo sé.
Y para finalizar el capítulo I no puedo dejar de lado lo de las pelas. Es gracioso, porque nadie me lo pregunta directamente (ni mi madre!), pero sé que muchos se quedan con las ganas (de preguntar, digo). Pues bueno, gano algo más que en la Facul, pero se me va en kilometrajes, autopistas y menús del día. A efectos prácticos, parra. Pero he de admitir que sí, que me satisface ver en la nómina un índice superior al que tenía antes (que además, iba pa’bajo).
Julen comentaba en el twitter que la artesanía es rentable. Me alegro de verdad, porque probablemente ese sea mi siguiente paso (a no ser que me haga vieja en el camino). Pero para ello, siento que necesito meterme en la boca del lobo y conocer y vivir las tripas (¿o el pulmón enfermo de un fumador de largo recorrido?) de lo que aún (no nos engañemos) mueve el mundo.
¿Seré masoca?