EL EGO
Sunday November 16th 2008, 2:16 am
Filed under: Uncategorized

Recientemente he sido testigo de un par de situaciones que, una vez más, me llevan a reflexionar en torno al ego. Suele ser reveladora la reacción de las personas cuando nos exaltamos: sale lo que más nos duele.

¿Por qué? ¿Qué nos pasa?

El otro día estuvimos haciendo prácticas de coaching. Se supone que somos coaches bien trillados y que, en principio, sabemos que al hacer prácticas en público nos exponemos a que el que está ejerciendo de coach nos proporcione “regalitos” que ponen en evidencia nuestro carácter, personalidad o actitudes que no nos agradan demasiado (de hecho, en eso consiste nuestro trabajo).

Pero parece que el ego nos delata cuando menos lo esperamos. A todos.

Ander se mosqueó porque le dijeron que siendo el nº2 de la empresa estaba actuando como si estuviera al mismo nivel que el nº1, y que tendría que asumir que algunas decisiones no estaban en sus manos y por tanto ser más humilde en sus pretensiones. Mireia se defendió cuando escuchó que era una persona controladora que necesitaba tenerlo todo acotado y bien atado, cosa que le hacía desconfiar de cualquiera que amenazara su posición de control. Marcos acusó al coach de haberlo excluido de un ejercicio y puso en entredicho su competencia. Y cómo no, el coach reaccionó exponiendo lo que un buen profesional debe y no debe hacer en esta profesión. Vamos, que menudo ejemplo nos dimos!

Pero volviendo al fondo de la cuestión: ¿Qué nos pasa cuando nos cuestionan? ¿Por qué nos picamos? Otra cosa es que lo expresemos de manera más o menos reveladora, pero cómo nos joribia “que nos pillen”!

Y, sin embargo, no pasa nada (o no debería). Quiero decir que, si me llaman mentirosa porque miento a menudo, pues va a ser que me compensa mentir y por eso lo hago. Si me llaman vaga porque tiendo a escaquearme del trabajo, será también porque me resulta provechoso actuar así. Si me llaman perfeccionista porque cuido hasta el último detalle de todas las cosas que emprendo, será porque eso me resulta gratificante.

Es decir, actuamos como actuamos porque pensamos que esa es la forma de operar para defender nuestros intereses, y eso ¿qué tiene de malo? Si algo tiene de verdaderamente malo es que nuestro comportamiento se nos pueda volver en contra y salgamos perjudicados o escaldados en ese caminar hacia nuestras metas, pero eso lo habrá provocado uno mismo.

Por lo tanto, si alguien me está llamando mentirosa, o vaga, o perfeccionista o cualquier otra lindeza que me carcoma, lo único que está haciendo es avisarme de que me estoy desviando de mis metas, que difícilmente voy a conseguir mis objetivos si sigo así, o quizás me esté indicando que me estoy equivocando de camino o de proceder. Y si es así, ¿no sería más elegante y productivo darle las gracias por hacérmelo ver?

Somos tan petardos los humanos que encima vamos y maltratamos a los que nos han podido (no he dicho querido) ayudar. De la misma forma que no ofende quien quiere sino quien puede, no ayuda quien quiere sino quien puede. Y si retorcemos la sentencia, yo diría que, en ocasiones, el que más nos puede aportar es precisamente quien no quiere hacerlo.

Y si no me creéis, pensadlo despacio.


No Comments so far
Leave a comment



Leave a comment
Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

(required)

(required)