COACHING: El enfado
Monday June 16th 2008, 10:59 pm
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No lo niego. La palabreja no siempre genera simpatía. Qué le vamos a hacer, resulta que yo soy coach. Ni psicóloga (dicen que hacemos intrusismo), ni terapeuta (¡qué atrevimiento!), ni confesora (me aburren los chismes), ni charlatana tampoco (también hay quien nos considera “eso”). Coach.

Como coach que soy, tengo la oportunidad de escuchar a muchas personas, y encima, con el permiso de ir dándoles pequeños codazos allá donde más les duele, precisamente por eso, porque les duele. Y no sabéis lo que he podido aprender en torno al género humano!

Coincide también que me gusta bastante leer, y ahora estoy con una novela que se titula “El Día que Nietzsche Lloró” de Irvin D. Yalom. Se trata de un médico del cuerpo, el Dr. Breuer, que le pide a Nietzsche que se convierta en su médico del alma para que le cure su “desesperación”. En su cuaderno de anotaciones, Nietzsche dice lo siguiente con respecto a Breuer:

      “Se presenta a sí mismo como persona buena. No hace ningún daño, ¡salvo a sí mismo y a la naturaleza! Tengo que impedir que sea de los que se consideran buenos sólo porque no tienen garras.

      Creo que antes de que yo pueda confiar en su generosidad, necesita aprender a maldecir ¿Tanto miedo tiene de que lo hieran? ¿Es ésta la razón de que no se atreva a ser él mismo? ¿De que sólo anhele pequeñas gratificaciones? Y a esto lo llama virtud. ¡Su verdadero nombre es cobardía!

Este extracto de texto me ha traido a la cebeza a Saioa, incapaz de hacer daño a nadie. Pero Saioa tiene un problema, y es que no sabe enfadarse. Tiene tanto miedo de que se enfaden con ella que ella prefiere no enfadarse con nadie. Al igual que Nietzsche (aun antes de leer el libro), en una sesión de coaching intenté que Saioa se enfadara, pero no hubo manera: no sabía levantar la voz (jamás lo había hecho con nadie - excepto en casa, que no cuenta), no le salía el insulto, no sentía ira, ni ganas de vengarse de nadie (y mira que le acababan de involucrar en una movida gorda).

Saioa es de las que comunmente conocemos como “una buenaza”, “una tía maja, considerada con los demás, muy humana”. Pero no os podéis imaginar el sufrimiento que eso conlleva. No saber enfadarse es no saber defenderse, no saber marcar tus límites; es dejarse invadir por todo el mundo. Pero ellos no lo ven así. Creen que están haciendo el bien (y lo hacen), pero porque no son lo suficientemente valientes como para afrontar situaciones tensas entre personas. Se espera de ellos que sean “buena gente”, ellos mismos se han forjado esa imagen y son presos de cómo se han creado, y se convierten en una especie de cáritas ambulante para tapar su cobardía.

Estoy de acuerdo con el Nietzsche de la novela cuando dice:

” Todo entendimiento es relativo, al igual que todo conocimiento. Inventamos lo que experimentamos. Y podemos destruir lo que hemos inventado”

Pero, madre mía, qué difícil es eso, y qué valiente hay que ser para hacerlo, pero sobre todo, qué honesto.


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Yo leí ese libro en Navidades y lo tengo subrayado por todos los lados, el personaje de Nietzsche me dio mucha pena durante la novela.

Comment by David Sanchez Bote 06.19.08 @ 1:16 pm



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